Una tiene a veces la sensación de que el día que repartieron los sentimientos hacia los demás Alejandro estaba fuera de la lista. Sí, cuando me lanza una mirada de esas que paralizarían a un ejército entero o se tira como un lobo a pegarme porque no le ha gustado alguna de mis "órdenes", pienso que, con sólo tres años, se comporta como un sádico de esos que salen en la tele. Y me apena mucho pensar que, si no cambia, cuando sea un adulto será un manipulador sin sentimientos o sufrirá mucho a causa de sus arranques descontrolados.
Por eso, cuando el otro día vimos en familia "El Rey León", me sentí en parte aliviada y en parte hinchada de ternura. El hecho de ver al niño un poco angustiado por la suerte que correría Simba en la estampida provocada por las hienas y cómo lloraba cuando el padre del "leoncito" muere en el intento de salvarle, me dio la tranquilidad de saber que se preocupa por los demás, que puede demostrarlo y que no tiene tan mal fondo como a veces puede parecer.
Que nadie piense que me gusta verle sufrir, pero poder tenerle abrazado y secarle las lágrimas mientras le explicaba que aunque el papá del león ya nunca estaría con él encontraría unos amigos que le protegerían y acompañarían siempre, fue uno de los mejores momentos del día. No solo por lo ñoñas que a veces nos ponemos las madres, sino porque también sirvió para que entendiese, en su mente de niño, que quizá habrá gente a la que adore que desaparecerá, pero que siempre habrá otros dispuestos a consolarle y ayudarle a seguir.
jueves, 30 de junio de 2011
lunes, 20 de junio de 2011
Volvemos a la carga. Hermanos
Hace exactamente cuatro meses de mi última entrada en este blog. En ese tiempo, la fierecilla se ha convertido en hermando mayor por la gracia del nacimiento de Juan, que llegó a este mundo sano, feliz y tranquilo el 5 de marzo del presente año. Tenía una miedo de la reacción del mayor ante la llegada del intruso, pero lo cierto es que está siendo el perfecto HERMANO MAYOR. Lo pongo con mayúsculas porque desde el principio, el bueno de Alejandro, ha interiorizado su papel como hermano y lo desarrolla a la perfección.
Es alucinante ver cómo le hace caricias, le cuida, le canta, le mima y le cuenta cosas. Desde el punto de vista del bebé, casi cuesta creer lo tranquilo que se queda cuando tiene a su hermano cerca y lo que le sonrie y cómo busca su voz cuando sabe que está en casa. Ya desde tan pequeños ver como se afianza esa relación es motivo de orgullo para nosotros.
Esto, sin embargo, no significa que Alejandro nos ponga las cosas fáciles, porque una cosa es ser el hermano perfecto y otra el hijo perfecto... y ahí nos queda mucho por mejorar. Yo, de momento, sólo pienso en que Juan no interiorice ciertos comportamientos y actitudes de Alejandro y que, aunque físicamente sean tan parecidos que casi asusten, no tenga el genio, carácter y hábito oposicionista de su hermano. Que se quede, por contra, con su alegría de vivir, su imaginación y su capacidad de negociación y liderazgo... Sí, hablo de un niño de tres años y medio, pero hay que ver como negocia a veces...
Después de haber "desengrasado" mi teclado, espero ir actualizando este blog en las largas horas de siesta, que si algo tienen mis niños es que duermen fenomenal.
Es alucinante ver cómo le hace caricias, le cuida, le canta, le mima y le cuenta cosas. Desde el punto de vista del bebé, casi cuesta creer lo tranquilo que se queda cuando tiene a su hermano cerca y lo que le sonrie y cómo busca su voz cuando sabe que está en casa. Ya desde tan pequeños ver como se afianza esa relación es motivo de orgullo para nosotros.
Esto, sin embargo, no significa que Alejandro nos ponga las cosas fáciles, porque una cosa es ser el hermano perfecto y otra el hijo perfecto... y ahí nos queda mucho por mejorar. Yo, de momento, sólo pienso en que Juan no interiorice ciertos comportamientos y actitudes de Alejandro y que, aunque físicamente sean tan parecidos que casi asusten, no tenga el genio, carácter y hábito oposicionista de su hermano. Que se quede, por contra, con su alegría de vivir, su imaginación y su capacidad de negociación y liderazgo... Sí, hablo de un niño de tres años y medio, pero hay que ver como negocia a veces...
Después de haber "desengrasado" mi teclado, espero ir actualizando este blog en las largas horas de siesta, que si algo tienen mis niños es que duermen fenomenal.
martes, 15 de febrero de 2011
Tras la tempestad siempre llega la calma
Llevaba muchos días ya sin actualizar este blog y sabía que de hoy no pasaba. Día lluvioso, de esos que invitan a estar en casa lo que me ha hecho pensar en un momento de esos que gusta recordar siempre. Dice el refrán que tras la tempestad siempre llega la calma y debo afirmar que con nuestro vástago el dicho se cumple al cien por cien.
Paso a detallar el suceso. Rabieta de las que dan miedo, sí señor, digo de las que dan miedo porque una cosa es contarlo y otra estar allí. Sólo os diré que el resultado de la misma acabó con los cubos de la basura esparcidos por la cocina y un sin fín de juguetes volando por la habitación. Cuando al fin la razón pobló la pequeña gran mente de Alejandro y fue capaz de "parar" le di un abrazo enorme, que fue lo que me salió, y para mantenerlo tranquilo le invité a ver la tele.
Y allí estuvimos los dos casi una hora, juntitos en el sofá, viendo la Casa de Mickey Mouse y él de vez en cuando dándome un beso o pasando su manita por mi cara. ¿Sentimiento de culpa? ¿Reconciliación? Qué más da, el caso es que yo -y espero que él- era la más feliz del mundo. Eso sí, antes de la sesión de cine forum, recogió todo como un campeón y después se quedó tres días sin parque....
Paso a detallar el suceso. Rabieta de las que dan miedo, sí señor, digo de las que dan miedo porque una cosa es contarlo y otra estar allí. Sólo os diré que el resultado de la misma acabó con los cubos de la basura esparcidos por la cocina y un sin fín de juguetes volando por la habitación. Cuando al fin la razón pobló la pequeña gran mente de Alejandro y fue capaz de "parar" le di un abrazo enorme, que fue lo que me salió, y para mantenerlo tranquilo le invité a ver la tele.
Y allí estuvimos los dos casi una hora, juntitos en el sofá, viendo la Casa de Mickey Mouse y él de vez en cuando dándome un beso o pasando su manita por mi cara. ¿Sentimiento de culpa? ¿Reconciliación? Qué más da, el caso es que yo -y espero que él- era la más feliz del mundo. Eso sí, antes de la sesión de cine forum, recogió todo como un campeón y después se quedó tres días sin parque....
viernes, 21 de enero de 2011
Terapia
Es de personas inteligentes reconocer los problemas y las propias limitaciones y, bueno, yo me considero inteligente, o por lo menos realista, por eso, una vez que fui consciente de que con mi sentido común y las enseñanzas innatas de mis padres no iba a ser capaz de "adiestrar" a la fiera, decidí pedir ayuda profesional. En acuerdo con el padre acudimos a una psicóloga infantil y el resultado ha sido estupendo.
Digo esto, porque entiendo que haya gente que piense que son cosas de niños, que ya se les pasará, que es la edad... o simplemente que este tipo de profesionales no van a ser la panacea ni a resolver los problemas de golpe. Como decía, entiendo estos argumentos, pero, por lo menos para mi, cuando llegó el momento en que fui consciente de que paso más tiempo "peleando" con mi niño que disfrutando de él -y sin ningún resultado- consideré que hacía falta un cambio de estrategia porque la mia -nuestra- no funcionaba.
Por eso, la llegada de Mar a nuestras vidas ha sido un bálsamo. Pequeñas pautas, personalizadas para nuestro enano, pero muy efectivas; pero, sobre todo, la tranquilidad que da exponer el problema a alguien ajeno, experto, que no quita hierro al asunto pero tampoco lo trata como si fuese el fin del mundo, que te da esperanza de que las cosas van a cambiar y, además, te aporta confianza en que lo que haces, lo haces bien. Sólo hace falta cambiar algunas cosas.
Desde entonces yo estoy mucho más tranquila, Alejandro está mucho más tranquilo y nuestras tardes vuelven a ser divertidas. Nadie pasa por alto sus obligaciones y, lo que es mejor, el niño lo hace todo convencido y no sólo por evitar los castigos o privaciones. Es mucho más reactivo a lo que le decimos y sabe de antemano que sus actos tienen consecuencias, pero sin histerias, ni charlas innecesarias y sin subir el tono. Ahora, sus rabietas duran mucho menos y son más controladas y todos, en general, estamos mucho más contentos.
Y todo esto sin olvidar algo que nos dijo la psicóloga y que es para pensar: "el niño tiene un carácter, que moldeará con el tiempo y no podrá hacer sin vuestra ayuda. De los dos a los cinco años fijar ese carácter de manera positiva es fundamental. Luego todo es mucho más difícil y los resultados no tan buenos". Asi que ahí estamos, avanzando todos de la mano experta de Mar.
Digo esto, porque entiendo que haya gente que piense que son cosas de niños, que ya se les pasará, que es la edad... o simplemente que este tipo de profesionales no van a ser la panacea ni a resolver los problemas de golpe. Como decía, entiendo estos argumentos, pero, por lo menos para mi, cuando llegó el momento en que fui consciente de que paso más tiempo "peleando" con mi niño que disfrutando de él -y sin ningún resultado- consideré que hacía falta un cambio de estrategia porque la mia -nuestra- no funcionaba.
Por eso, la llegada de Mar a nuestras vidas ha sido un bálsamo. Pequeñas pautas, personalizadas para nuestro enano, pero muy efectivas; pero, sobre todo, la tranquilidad que da exponer el problema a alguien ajeno, experto, que no quita hierro al asunto pero tampoco lo trata como si fuese el fin del mundo, que te da esperanza de que las cosas van a cambiar y, además, te aporta confianza en que lo que haces, lo haces bien. Sólo hace falta cambiar algunas cosas.
Desde entonces yo estoy mucho más tranquila, Alejandro está mucho más tranquilo y nuestras tardes vuelven a ser divertidas. Nadie pasa por alto sus obligaciones y, lo que es mejor, el niño lo hace todo convencido y no sólo por evitar los castigos o privaciones. Es mucho más reactivo a lo que le decimos y sabe de antemano que sus actos tienen consecuencias, pero sin histerias, ni charlas innecesarias y sin subir el tono. Ahora, sus rabietas duran mucho menos y son más controladas y todos, en general, estamos mucho más contentos.
Y todo esto sin olvidar algo que nos dijo la psicóloga y que es para pensar: "el niño tiene un carácter, que moldeará con el tiempo y no podrá hacer sin vuestra ayuda. De los dos a los cinco años fijar ese carácter de manera positiva es fundamental. Luego todo es mucho más difícil y los resultados no tan buenos". Asi que ahí estamos, avanzando todos de la mano experta de Mar.
viernes, 14 de enero de 2011
De vuelta, y más tranquilos
Tenía mucho respeto a las vacaciones de Navidad, porque eran las primeras que pasaría enteramente con el enano en casa y tal y como se estaba portando los días previos... El año pasado, y el anterior, él seguía acudiendo a la escuela infantil aunque yo tenía algunos días libres por la Navidad. Finalmente, puedo decir que han sido unas vacaciones tranquilas y muy disfrutadas. Aunque también han tenido momentos muy tensos...
Para empezar ha sido una pasada ver como Alejandro ha disfrutado de estas fechas, las de los niños por antonomasia. Papá Noel, los Reyes Magos, Nochebuena, "Nochemala" -así llamó a la Nochevieja...-, las cenas familiares, los regalos, la cabalgata de Reyes, ver belenes, las luces.... Todo ha sido un descubrimiento y todo le ha encantado. Además, poco a poco, ambos hemos establecido una pauta de "comportamiento" y él ha ido entendiendo dónde estaban los límites, aunque nos ha costado mucho al principio.
Sus reacciones ante el "no se puede hacer eso" o hacia el castigo, cuando era necesario, empezaron siendo muy desmedidas, para irse apaciguando poco a poco. Así, ahora está siendo muy gratificante disfrutar de estos momentos de "calma", en los que se muestra colaborador, disfruta conmigo y yo con él, es cariñoso... Claro que la situación ha ayudado mucho a que yo recobrase mi propia tranquilidad lo que también ha sido determinante para la buena "convivencia".
Por eso, esta mañana he venido contentísima al trabajo porque se ha despertado muy pronto, me ha pedido un "beso y un abracín" y justo cuando salía de la habitación me ha dicho "espera, que te doy otro en la puerta". Y allí estábamos los dos, en el recibidor abrazaditos y recibiendo besos. Y así he llegado yo al Cercanías, con una sonrisa tonta en la cara que no la borraba nadie...
Para empezar ha sido una pasada ver como Alejandro ha disfrutado de estas fechas, las de los niños por antonomasia. Papá Noel, los Reyes Magos, Nochebuena, "Nochemala" -así llamó a la Nochevieja...-, las cenas familiares, los regalos, la cabalgata de Reyes, ver belenes, las luces.... Todo ha sido un descubrimiento y todo le ha encantado. Además, poco a poco, ambos hemos establecido una pauta de "comportamiento" y él ha ido entendiendo dónde estaban los límites, aunque nos ha costado mucho al principio.
Sus reacciones ante el "no se puede hacer eso" o hacia el castigo, cuando era necesario, empezaron siendo muy desmedidas, para irse apaciguando poco a poco. Así, ahora está siendo muy gratificante disfrutar de estos momentos de "calma", en los que se muestra colaborador, disfruta conmigo y yo con él, es cariñoso... Claro que la situación ha ayudado mucho a que yo recobrase mi propia tranquilidad lo que también ha sido determinante para la buena "convivencia".
Por eso, esta mañana he venido contentísima al trabajo porque se ha despertado muy pronto, me ha pedido un "beso y un abracín" y justo cuando salía de la habitación me ha dicho "espera, que te doy otro en la puerta". Y allí estábamos los dos, en el recibidor abrazaditos y recibiendo besos. Y así he llegado yo al Cercanías, con una sonrisa tonta en la cara que no la borraba nadie...
jueves, 16 de diciembre de 2010
Una sana costumbre
Ante los comentarios que me hacéis algunos de los que me leéis he llegado a la conclusión de que este blog es un tanto descorazonador. Creo que nada más lejos de la realidad. Como comenté en el primer post, lo que me empujó a escribir era un mero ejercicio de desahogo ante algunas situaciones que, reconozco, me superan. ¿Por qué me superan? Pues porque no llego a entender la lógica que rige la mente de un niñito de tres años que es capaz de ser en el mismo minuto el Dr. Jekyll y Mr. Hyde, pero, sobre todo, la incapacidad para reconducir esas conductas de un modo, digamos, poco traumático.
Dicho esto, pasaré a comentar una costumbre a la que me estoy aficionando en estos días. Cuando el angelito lleva ya un rato dormido me encanta verle en la penumbra que ofrece la lampara antimiedo de su habitación. Tiene la misma cara que tenía la primera vez que le vi, cuando me lo pusieron en el regazo nada más nacer. Pacífico, limpio y sosegado. Blandito y calentito y escuchando su respiración rítmica, me dan unas ganas tremendas de abrazarlo y quedarme así mucho rato.
Bueno, pues el caso es que lo hago. Me tumbo con él -cuando estoy convencida de que no se despertará, no vaya a ser peor el remedio que la enfermedad- y le abrazo despacito para no inquietarle. Hay veces, cuando no se mueve, que estamos así mucho rato y casi me quedo dormida en su regazo. Otras, como el nervio le puede hasta dormido, sólo le tengo unos minutos, pero los suficientes para seguir recordando que este niño mío, pese a todo lo que nos va a costar en terapeutas, es mágico.
Dicho esto, pasaré a comentar una costumbre a la que me estoy aficionando en estos días. Cuando el angelito lleva ya un rato dormido me encanta verle en la penumbra que ofrece la lampara antimiedo de su habitación. Tiene la misma cara que tenía la primera vez que le vi, cuando me lo pusieron en el regazo nada más nacer. Pacífico, limpio y sosegado. Blandito y calentito y escuchando su respiración rítmica, me dan unas ganas tremendas de abrazarlo y quedarme así mucho rato.
Bueno, pues el caso es que lo hago. Me tumbo con él -cuando estoy convencida de que no se despertará, no vaya a ser peor el remedio que la enfermedad- y le abrazo despacito para no inquietarle. Hay veces, cuando no se mueve, que estamos así mucho rato y casi me quedo dormida en su regazo. Otras, como el nervio le puede hasta dormido, sólo le tengo unos minutos, pero los suficientes para seguir recordando que este niño mío, pese a todo lo que nos va a costar en terapeutas, es mágico.
jueves, 9 de diciembre de 2010
¿El milagro de la Navidad?
Venga, no voy a ser sarcástica, pero creo que el milagro de la Navidad está empezando a materializarse en casa. Sí, estamos pasando por una etapa de desconocida tranquilidad y donde nos hace falta muy poco para que Alejandro se mantenga en la "línea del bien". Dos semanas sin morder, dos semanas sin rabietas, dos semanas haciendo relativo caso...
Estábamos convencidos de que nuestra táctica de mantenernos firmes estaba teniendo resultados hasta que caí en que el niño está emocionado con los "Geyes Magos" y Papá Noel que, por supuesto, sólo traen regalos a los niños que hacen caso. ¿Estará haciendo méritos para tener su ansiado "camión que lleva helicópteros encima"? Sólo podremos saberlo a partir del 7 de enero.
Y mientras yo disfruto de sus pequeñas frases, llenas de cariño. Como cuando me pregunta con esa cara de inocencia que sólo él sabe poner "mamá, ¿lo estoy haciendo muy bien?"; o como cuando dice "mamá, te quiero mucho", así, sin venir a cuento; o como cuando me besa la barriga y dice "mi hermanito Juan está muy contento y está saltando, ¿a que sí?". Estos son los momentos que debería grabar para que nunca escapen a mi memoria.
Estábamos convencidos de que nuestra táctica de mantenernos firmes estaba teniendo resultados hasta que caí en que el niño está emocionado con los "Geyes Magos" y Papá Noel que, por supuesto, sólo traen regalos a los niños que hacen caso. ¿Estará haciendo méritos para tener su ansiado "camión que lleva helicópteros encima"? Sólo podremos saberlo a partir del 7 de enero.
Y mientras yo disfruto de sus pequeñas frases, llenas de cariño. Como cuando me pregunta con esa cara de inocencia que sólo él sabe poner "mamá, ¿lo estoy haciendo muy bien?"; o como cuando dice "mamá, te quiero mucho", así, sin venir a cuento; o como cuando me besa la barriga y dice "mi hermanito Juan está muy contento y está saltando, ¿a que sí?". Estos son los momentos que debería grabar para que nunca escapen a mi memoria.
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